Seguridad Pública en el Perú

A contrapelo de la tendencia general en la región latinoamericana que significó el término de los gobiernos autoritarios, la democratización de las sociedades y el inicio de procesos de modernización y reforma de las policías, en el Perú asistimos a la tendencia contraria, es decir, al predominio de un régimen político casi autocrático, surgido del autogolpe de 1992, que tiene un componente militar especialmente controversial.

No por nada analistas peruanos y extranjeros han hablado de la existencia de un “triunvirato” en el poder, compuesto por el Presidente Alberto Fujimori, el asesor presidencial Vladimiro Montesinos, hombre fuerte de los servicios secretos, y el jefe del Ejército, general Hermoza, hoy día desplazado de sus funciones. Consecuentemente, los poderes Judicial y Legislativo están en gran medida mediatizados por el poder de dicho “triunvirato”.

Llama poderosamente la atención la fuerte influencia de que goza el aparato de inteligencia, otorgándole una impronta bastante siniestra al modelo político peruano. Como es de conocimiento, abundan las denuncias sobre el papel que juega éste en la vigilancia de la oposición y en la estrategia para lograr una segunda reelección de Fujimori.

A partir del fin del gobierno militar en 1980, la guerra interna, la crisis económica y la incapacidad de la clase política peruana para otorgar gobernabilidad dieron paso a una situación de retroceso institucional, a la debacle aparentemente definitiva de los partidos políticos tradicionales, y al resurgimiento de una tendencia ancestral de las Fuerzas Armadas peruanas por dirigir el Estado en forma tutelar.

En el caso del Perú, la militarización va más allá de la seguridad interna y de la función policial. Se trata de que, por efectos de una guerra interna, se termina militarizando toda la vida social y el Estado.

Para analizar el fenómeno de la militarización de la función policial hay que tener en consideración dos rasgos constitutivos de la policía moderna: en primer lugar, la separación de funciones entre policía y Ejército; y en segundo término, el surgimiento de una organización policial burocrática y profesional a partir de mediados del siglo XIX en Europa. Con cierto desfase lo propio ocurrió en América Latina.

Inicialmente, muchos cuerpos policiales surgieron del seno de las Fuerzas Armadas. Es el caso chileno, donde la policía de Carabineros que fue creada en 1927, surgió de la fusión de las policías locales y un regimiento del Ejército de línea. Por este efecto, diversas policías latinoamericanas han mantenido hasta el presente diversos rasgos castrenses provenientes de su antigua relación con las Fuerzas Armadas. Es el caso del fuero militar, la estructura de mando, un tipo determinado de instrucción, incluso un determinado armamento y hasta los uniformes.

En las últimas décadas se ha desarrollado una tendencia general, yo diría más bien una tentación general, por militarizar la seguridad interior y de paso los órganos policiales de la región. El caso peruano no parece ser la excepción.

La militarización se produce por diversos factores internos que varían de país en país. Bien puede producirse por el surgimiento de un gobierno militar o por el papel preponderante de las Fuerzas Armadas en una determinada sociedad, como ocurrió en los años setenta en el Cono Sur, por ejemplo; o bien por efecto de la incapacidad de la policía por controlar determinados problemas de seguridad interna, fenómeno que está ocurriendo generalizadamente con la delincuencia en varios países de la región.

Corrientemente este proceso de militarización se lleva a cabo a través de dos vías. Una de ellas es el copamiento de la policía por parte de las Fuerzas Armadas, y el otro por el desplazamiento de la policía de las actividades naturales de seguridad interior, lo que muchas veces lleva consigo una desvalorización de sus funciones, el congelamiento de sus dotaciones, equipos y presupuestos.

En muchos casos ocurre más bien una mezcla de ambos métodos.

Como ejemplo del caso del copamiento militar de la estructura policial tenemos lo ocurrido durante el gobierno militar en Chile, cuando las policías fueron incorporadas al Ministerio de Defensa, prácticamente como una cuarta rama castrense; el general director de Carabineros asumió un puesto en la Junta Militar de Gobierno; y, en el caso particular de la policía de Investigaciones, ésta fue puesta al mando de generales del Ejército, aunque en situación de retiro.

En el otro caso, o sea el de la militarización de la función policial, Bolivia es un buen ejemplo. Allí se está utilizando a los militares en la erradicación forzosa de los cultivos de coca en los valles tropicales del Chapare y los Yungas. Junto con producir una verdadera hecatombe social en dichas zonas, la intervención militar ha producido serios roces con la policía boliviana, la que, según la legislación interna, es la encargada del combate al narcotráfico. Pero las Fuerzas Armadas bolivianas no solamente están abocadas al tema de los cultivos de coca. Así por ejemplo, el gobierno las ha involucrado también en el control de las aduanas fronterizas para combatir el contrabando.

Tampoco hay que olvidar las pugnas ancestrales entre policía y ejército, en parte por la manipulación que los gobiernos han realizado con fines políticos privilegiando a una fuerza en detrimento de la otra. Uno de los ejes centrales de esta disputa ha girado en los últimos años en torno al papel que juegan tanto la policía como las Fuerzas Armadas en el combate del narcotráfico y el consiguiente acceso a fuentes de financiamiento externo.

En el caso peruano asistimos a una mezcla de los dos métodos de la militarización. Por un lado, las Fuerzas Armadas -y dentro de ellas instrumentos muy determinados como son la justicia militar y el servicio de inteligencia- han asumido funciones policiales en el combate del terrorismo, narcotráfico, corrupción y delincuencia común. Hay que considerar además que todavía hoy en día hay un 25% del territorio peruano se encuentra bajo el control militar por efecto de la guerra interna. A ello se suma el hecho de que un general del Ejército en servicio activo ocupa el puesto de Ministro del Interior, cartera de la cual depende la policía.

Sorprende asimismo el rol autoasignado de la policía de verse así misma como la cuarta rama de las Fuerzas Armadas y la inspiración que toman del papel que jugó Carabineros de Chile en el gobierno de Pinochet. Esto ocurrió dentro de la policía peruana al menos hasta 1980.

También hay que considerar el paulatino deterioro institucional del rol de la policía peruana en los últimos años, proceso que coincidió con el surgimiento de la guerra interna liderada por Sendero Luminoso. La policía era percibida como ineficiente, corrupta y sumida en permanentes disputas internas. Un momento clave en este proceso fue la refundación de la policía en 1987 durante el gobierno de Alan García, cuando fueron fusionados los cuerpos policiales tradicionales, es decir, la Guardia Civil, la Guardia Republicana y la Policía de Investigaciones del Perú (PIP).

Lo resaltante es que dicho deterioro institucional no parece haber cambiado mucho en el transcurso del tiempo. Y esto parece ser producto de una política deliberada de parte del Ejecutivo peruano por minimizar a la policía en beneficio de las Fuerzas Armadas. Demostración de ello sería la larga demora en la promulgación de la ley orgánica de la Policía Nacional del Perú (PNP), la que podría significar un resurgimiento institucional de la policía. Los datos que suministran las encuestas que miden la percepción de la población y las cifras respecto al aumento de los índices de delincuencia son evidentes. Actualmente, más de diez años después de su refundación, la PNP sigue siendo percibida como un servicio ineficiente, corrupto, abusivo, además de estar sobredimensionado, tener demasiadas funciones que obviamente no cumple a cabalidad, y más encima por ser muy caro.

Hay que recordar que la PNP tiene 100.000 funcionarios, es decir que existe una relación de 1 policía x 230 habitantes. Se trata de una cifra extraordinariamente alta, si consideramos que el promedio internacional es de 1 x 300-350 habitantes. Como ejemplo baste señalar que en Colombia hay un policía por 466 habitantes; en Alemania hay 1 x 400 y en Chile la relación es de 1 x 382.

Por otro lado, aunque la policía no ha sido intervenida de hecho, importantes unidades como la DINCOTE que combate el terrorismo, tiene activa presencia del servicio de inteligencia (SIN) que es una prolongación de los militares. También se sabe que el asesor presidencial Vladimiro Montesinos tiene gran influencia en la designación del alto mando policial, de igual forma que lo hace respecto de las tres ramas de las Fuerzas Armadas.

Sorprenden asimismo algunas medidas tomadas por el gobierno de Fujimori respecto a convertir el problema del recrudecimiento de la criminalidad como problema de “seguridad nacional”, aplicando procedimientos sumarios de los tribunales militares contra delincuentes comunes que incluyen períodos de detención de 15 días de duración. Esto implica que pueden ser juzgados por “terrorismo agravado” o “traición a la patria”. Esta normativa ya ha sido aplicado desde 1992 en delitos por terrorismo, incluso contra ciudadanos extranjeros. Tenemos el caso de cuatro emerretistas chilenos prisioneros en Puno, acusados de “traición a la patria”.

Lo último que se sabe es que el SIN también está dedicado a combatir la delincuencia y hasta el contrabando, producto de una maniobra política frente a las denuncias del ex ministro del Trabajo, Jorge Mufarech.

Tampoco habría que dejar de mencionar el caso de las rondas campesinas, un tipo de organización que surgió debido a la débil presencia estatal -especialmente de la policía- en las zonas rurales, y que los militares han tratado de manipular con éxitos diversos. Como señala el estudioso peruano Carlos Basombrío, allí “el Estado peruano ha debido ceder el monopolio en el uso de la fuerza, una de las características de los estados modernos”.

Una última cuestión a retener es la violación de los derechos humanos por parte del poder militar y sus maniobras para lograr casi completa impunidad. Como es sabido, en los últimos años se han sucedido diversos episodios de represión contra opositores -como en el caso de La Cantuta- e incluso contra miembros de las propias Fuerzas Armadas. Varios generales han sido perseguidos y no menos agentes de la inteligencia militar han muerto o han sufrido torturas. En estos casos, los tribunales militares han sido especialmente benignos con los victimarios y el Congreso ha promulgado sendas amnistías abdicando de su papel fiscalizador.

En resumen, se puede decir que la militarización de la seguridad interior es un fenómeno bastante extendido en la región, una especie de tentación de la que pocos gobiernos logran sustraerse. El motivo principal de esta militarización es la incapacidad policial para acabar con la delincuencia común. Sin embargo, en el caso peruano la militarización no se reduce al copamiento de las funciones policiales tradicionales, sino que ésta va más allá, abarcando toda la vida social y política del país.

Comenzando otra vez: la política de Chile de cara al nuevo milenio

La trilogía Aylwin-Frei-Lagos pasará a la historia por muchas cosas de las que debemos sentirnos orgullosos. También hay otras de las que nos sentimos ya avergonzados. Pero no nos sentimos parte de la discusión auto-flagelante y auto-complaciente, así como los 16 años de los tres primeros presidentes de la Concertación no representan a nuestra generación.

Los de más edad entre nosotros apenas se alcanzaron a inscribir antes del plebiscito de 1988. La gran mayoría vio, e incluso celebró, el triunfo del No desde la galería. Compartimos la alegría, el entusiasmo y las lágrimas de la épica jornada, pero no fuimos actores de la misma. Los que más, lograron sumar sus votos a la aplastante mayoría que rechazó a Pinochet. Pero la transición a la democracia nos vio en la banca, no por falta de ganas, sino por la poca edad.

Durante el gobierno de Aylwin comenzamos a participar activamente en política a nivel colegial y universitario. En 1993 dimos nuestro voto a Frei (no todos) y en 1998 celebramos la detención londinense de Pinochet. En 1999 creímos en el mensaje Chile será diferente y nos volcamos de lleno en la campaña presidencial de Lagos. El 11 de marzo del 2000 acompañamos al primer presidente socialista desde Allende a La Moneda y ahí nos sentimos parte de una historia, testigos presenciales de un proceso que llegaba a su fin. Pero a diferencia de muchos, nunca hemos entendido a este gobierno como una ceremonia del adiós. Para nosotros el partido recién está comenzando.

Siguiendo la analogía futbolística, mientras muchos se preparan para irse a los camarines, nosotros recién estamos terminando de ponernos el equipo para salir a jugar. Somos estudiantes de colegio, universitarios y de posgrado, jóvenes profesionales y líderes que recién entramos al campo de juego. Nos sentimos herederos de los gobiernos de la Concertación, pero no sus vástagos ni esclavos. Algunos tenemos militancia política partidista, pero todos compartimos una visión progresista, izquierdista y moderna. Creemos en un Chile más justo, solidario y libre. Pero no queremos intentar volver a un mítico país pre 1973.

Entendemos que el éxito de Chile en la última década ha estado profundamente ligado a la Concertación, y estamos convencidos de que la Concertación tiene un papel que jugar en el futuro del país, como punto focal de la opción progresista, libertaria, de justicia y solidaridad. Por eso queremos un cuatro de ases y por eso Partisano piensa en el 2005. La carrera no la empezamos nosotros. Pero sin nuestra participación, este partido no lo van a poder ganar los viejos estandartes de 1988.

En una época en la que parece estar prohibido pensar la posibilidad del cambio social, sometido a la razón crítica en un letargo aparentemente indefinido y, digámoslo, cómodo para no pocos intelectuales y dirigentes políticos de izquierda (o “progresistas”), fundar una revista con las características de Foro Virtual puede ser interpretada como una reacción nostálgica. Y en cierto modo eso es, puesto que se propone quizás no tanto rescatar el ejercicio de la crítica política y social como abogar por una crítica que, hasta ahora, al estar sometida a un ambiente de conformismo propio de un Chile insoportablemente soberbio, sólo ha podido ser virtual.

Muchas de las personas que esgrimen la pluma y acarician el papel en tanto recurso político en las páginas de Foro Virtual, son ilustres desconocidos, jóvenes profesionales o simples ciudadanos de izquierda y progresistas, cuya característica es hacer explícito un malestar extremadamente complejo, diverso y difuso ante lo real en Chile o, parafraseando a Moulián, frente a “lo actual”. Es a ese ejercicio al que se abre Foro Virtual, no a partir de un tono quejumbroso y, por lo mismo, aburrido e intranscendente, sino más bien en virtud de una visión de las cosas que pretende construir rumbos históricos, coordinar prácticas políticas, articular identidades colectivas y configurar horizontes de futuro.

Nada garantiza el éxito en tal tarea, excepto un conjunto de voluntades plurales que se reúnen a partir de verdaderos malestares colectivos en torno a la posibilidad de reaccionar ante lo injusto, lo intolerable y lo insoportable. Porque nadie de quienes escriben en Foro Virtual desearía ser objeto de la terrible acusación de Sartre, quien responsabiliza a Flaubert y Goncourt de la represión que siguió a la Comuna de París, por no haber escrito ni una sola línea para impedirla.

Mitos y verdades sobre el ateismo

Según investigaciones ser ateo en Estados Unidos es un estigma social tan radicado de representar  un verdadero obstáculo a la carrera profesional de quienes lo demuestran activamente. Newsweek hizo un sondeo recientemente sobre el ateísmo en EEUU y resulta que solamente el 37% de lo estadounidenses elegiría como Presidente a una persona que declarara públicamente ser atea. Los ateos son a menudo considerados como personas intolerantes, inmorales, deprimidas, que solo ven videos porno todo el día o ciegas a la belleza de la naturaleza y dogmáticamente cerrados a la evidencia de lo sobrenatural.

John Locke, uno de los grande patriarcas del Iluminismo, creía que el ateísmo “no tendría porque ser tolerado” ya que “promesas, pactos y juramentos son enlaces muy importantes en nuestras sociedades y no encuentran ningún fundamento en los ateos”. Las palabras de Locke remontan a más de 300 años atrás, sin embargo en los EEUU de hoy muy poco parece ser cambiado. Casi el 87% de la población afirma no haber tenido nunca ninguna duda sobre la existencia de Dios. Menos del 10% se considera atea y considerando que los ateos son entre las personalidades más inteligentes y científicamente preparadas de una sociedad, es importante también redimensionar el mito de que la sociedad les impida jugar un papel importante y hacer carrera.

Ateismo

Vamos a desmitificar las creencias más comunes y frecuentes sobre el ateísmo:

Los ateos creen que la vida sea insignificante.

Todo lo contrario: el ateo da mucha importancia y valor a la vida terrena, mucho más que el religioso que está siempre proyectado a lo que sucede después de la muerte en donde se puede alcanzar la felicidad más plena al lado de Dios.

El Ateísmo es responsable de los peores crímenes de la historia.
Regímenes como el comunista de Stalin o el nazista de Hitler son profundamente dogmáticos y están a la base del culto de la personalidad que lleva a las personas a venerar a un líder o un héroe religioso, y a hacer todo lo que él pida, incluso algunos han obligado a otros a ver xxx.

El Ateísmo es dogmático.
El dogmatismo es más típico de las religiones porque no se cuestionan el porqué de una regla o de una afirmación injustificada que no tiene ninguna base científica. El ateo pone en discusión todo como el método científico sugiere.

Los ateos piensan que cada cosa en este universo se haya originado casualmente.
La diversidad y la complejidad del mundo no es el fruto de la casualidad solamente. La evolución es una combinación de mutaciones accidentales y de selección natural. Darwin fue el primero en hablar de “selección natural” para distinguirla de la selección artificial implementada por los criadores de animales. En ambos casos, la selección tiene un efecto no casual en el desarrollo de cualquier especie.

El Ateísmo no está conectado con la ciencia.
Más que nada la ciencia no está conectada con ninguna fe religiosa. Si el 90% de los estadounidenses cree en un Dios personal, el 93% de los miembros de la Academia Nacional de las Ciencias no cree en Dios ni en en el porno.

Caminos que nunca habría pensado tomar

Quizá el día en que para mí es realmente palpable la llegada del otoño sea aquel en que al despertar siento que algo a mi alrededor ha cambiado. A lo largo de todo el verano, despierto con la sensación de estar completamente aislada, pues no oigo apenas ningún ruido. Nada, ni dentro ni fuera de la casa, se mueve, y en medio de tal porno me siento como si fuera el único ser en un mundo que permanece en penumbra. Y llega una mañana en que esta aparente soledad se disipa, pues antes siquiera de abrir los ojos puedo percibir ruidos que de tan conocidos sé perfectamente a qué se deben y quién los produce: algún coche solitario que atraviesa la calle; la cancela que se cierra en un patio vecino; el molesto por ser tan agudo timbre de un despertador lejano; cómo corre el agua en la ducha, que queda opuesta a la cabecera de mi cama… A través de la persiana entreabierta se introduce una luz débil, tenue, que penetra más liviana y horizontal que antes en mi habitación, haciéndola amanecer al ir acomodándola a los cambios que está produciendo también en un exterior que al no poder vislumbrar aún se me hace lejano, pues la pereza me tienta a quedarme acostada unos minutos más. Cuando por fín todos los miembros de la familia estamos ya en pie, noto que realizamos nuestras tareas más deprisa que antes, sin demorarnos en ninguna de ellas, con lo que éstas manifiestan un carácter de obligatoriedad que anteriormente no era tan patente; nos aseamos y vestimos rápidamente, desayunamos sin apenas saborear lo que nos llevamos a la boca… Esa mañana, se ha perdido la característica tan asociada al estío de poder dejarnos llevar sin porno, de poder detenernos en cada cosa que hacemos porque disponemos de todo el tiempo que deseemos (o al menos eso pensamos), puesto que ahora tenemos que volver a atenernos a un horario del que nos habíamos desligado. Y cuando un rato más tarde salgo a la calle, siento esa misma luz, crecida pero suave, caer sobre la piel de mis brazos y mi rostro, a los que ya no hiere como en las semanas precedentes, sino que los acaricia cálidamente, mientras una leve ráfaga de viento me recuerda que en breve tendré que vestir prendas más extensas y pesadas. Es ese día, y sólo entonces, cuando sé que ya no es verano.

Debo empezar diciendo que esta frase no la leí por primera vez en el mismo libro del que está tomada, sino, casualmente, en uno de gramática española como ejemplo de oración previamente sustantivada, ejem, es decir, que la encontré totalmente fuera de contexto, y sin embargo, de por sí, su mensaje conectó con algo muy en mi interior, lo que hizo de aquella una de las ocasiones en que la sentencia adecuada llega hasta tí en el momento más oportuno, ya que vino a complementar las largas conversaciones que sobre cierto problema había mantenido con personas de mi confianza como la más certera conclusión de éstas, aportándome una nueva perspectiva.

Nos pasamos los primeros años de nuestra existencia acumulando no sólo conocimientos sobre el mundo, sino también creencias y miedos, que son creados por nosotros mismos, sea por la forma en que interpretamos lo que aprendemos, sea por las experiencias que vivimos, o bien que son asimilados de quienes nos rodean, hasta que, de pronto, llega un momento en que se convierten en un lastre del que hay que librarse para poder avanzar. No es que solamente los acumulemos durante nuestra infancia y adolescencia, pero los acumulados en estas etapas son los que se asientan más firmemente en nuestros esquemas mentales, y además en un momento en que las decisiones que tomemos pueden marcar el camino por el que transcurrirá nuestra vida adulta (al menos, hasta la siguiente bifurcación, de la que no hay manera de saber cuándo llegaremos a ella) y la actitud que adoptaremos. Por esa razón, el conseguir librarse de ellos constituye un paso importante para iniciarse de verdad en una nueva etapa (y no de la forma tan superficial en que algunos entienden la iniciación, el poder hacer ciertas actividades que a menor edad están vedadas), o en la edad adulta. Una de esas creencias, que yo tenía muy asentada en mi mente, es que la vida debía transcurrir por una senda llana, con el menor número de escollos posibles; no es que pensara que nunca iba a tener problemas, sino que creía (prefería creer, actitud que ahora me parece casi de una ingenuidad autoimpuesta), que siempre, en todas las circunstancias, sería capaz de superar las adversidades sin que éstas me dejaran huella, que simplemente me acontecerían pero que terminarían pasando sín tocarme, negándome a asimilar lo que de negativo me había acontecido ya. Sin embargo…

Lo que realmente es la vida es una búsqueda continua de nosotros mismos. Es un camino construído con porno, modificaciones en nuestra forma de entender el mundo y, sobre todo, las vivencias que experimentamos por nosotros mismos. Así que trato de convencerme de que no hay por qué temer dar el paso para abandonar las creencias que nos puedan inmovilizar, que nos hagan permanecer en la pasividad, así como tampoco hay que temer cometer errores en el camino. Nadie vive su vida pensando en hacer de ella una bonita biografía, así como tampoco hay nadie que tenga una existencia ejemplar; curiosamente, me ha costado mucho convencerme de esto, lo que me ha llevado a la deseperación al encontrarme con escollos, al pensar que ya me estaba torciendo, y hasta el arrepentimiento por todo lo que pude hacer que no hice y todo lo que hice (que pienso) que no debí hacer.

Por obvio que pueda resultar, lo cierto es que he tardado en comprender que realmente no es mucho el tiempo de que disponemos en nuestra vida. Comprendo que no siempre es beneficioso emplearlo en analizar todo aquello que no se puede cambiar, sobre todo si se trata de algo perteneciente al pasado, ni tampoco lo es negarse a acometer un riesgo porque el miedo a lo que vaya a traer consigo sea mayor que el deseo de lo que de bueno nos pueda aportar. El arrepentimiento es un sentimiento necesario y saberlo procesar uno de los pilares de la maduración, ya que nos evita cometer los mismos errores que en el pasado, pero hay ocasiones en que presenta la amenaza de convertirse en un flagelo. Ésto es lo que ahora sé y creo comprender; mas a partir de ahí veo abrirse ante mí un largo proceso para llevarlo a la práctica, pues tengo conciencia de que aún no me he librado de todos mis viejos fantasmas (sobre todo de los que más me limitan), y de que además he ido creando con el tiempo otros nuevos. Voy evolucionando desde un estado en que el análisis al que soy tan dada ya no ser un laberinto plagado de espinas, sino una vía hacia mi reconstrucción. Mas es este saber (al que sólo pude llegar en la etapa de mi vida que ahora calificaría de la más feliz), no la práctica, a lo que he llegado aún…

Reflexiones de un ateo

Hola. Antes que nada quiero darte las gracias por visitarme. Espero que te guste lo que he puesto aquí. En cualquier caso eres libre de criticarme o alabarme, de quererme o de odiarme. La gran ventaja de Internet es que nunca tienes a tus detractores delante tuya cuando te insultan, y la desventaja es que lo mismo pasa con los que te apoyan cuando dicen lo bien que se lo pasan contigo. Otra ventaja es que nadie sabe quien soy en realidad. Desde el anonimato puedo cambiar mi nombre, mi sexo, mis ideas políticas, mi xxx favorita…pero para engañar ya están las páginas de sexo, las de los partidos políticos, las de los Bancos… No cambiaré mi nombre, Francisco, ni mi sexo (voy a dejar que pongáis en práctica los conocimientos en material racional para que lo adivinéis) ni mis ideas. No es difícil darse cuenta que hay tres apartados que componen el núcleo central de mi pensamiento como son la Ciencia, el Ateísmo y el Escepticismo. Aunque no creo que sean entes independientes pues en mi van todos muy unidos entre si. Los acontecimientos producidos días antes de que me diese a “conocer” (creo que a nadie se le escapa cuales fueron) han producido cambios en la idea que tenía sobre que tipo de artículos serían incluidos. He añadido una sección, la de crímenes de guerra, que intenta ilustrar algunas de las razones por las cuales no debemos creer todo lo que nos cuentan. No es una justificación de la violencia. No estoy diciendo que, si puedo utilizar un lenguaje más llano, para hacer una tortilla no haya que romper los huevos. Pero creo que por encima de todo, por encima de la religión, de nuestros sistemas políticos y económicos, debemos ser seres humanos. Yo no veo que diferencia hay entre justificar una muerte como necesaria si lo dice un gobierno occidental o si lo dice un terrorista como Osama Bin Laden. Es hora de que no solucionemos los problemas al porno o utilizando las mismas armas que usan aquellos a los que queremos combatir. Y es mi intención poner más artículos que demuestren por un lado, que nuestros gobiernos mienten o dicen medias verdades, y que por lo tanto en la mayor parte de las ocasiones se nos priva de los elementos de juicio necesarios para poder formarnos una opinión justa; y por otro que hasta hoy en día las acciones violentas no han conseguido acabar con el terrorismo ni con los dictadores, por lo que una acción militar no conseguirá por muchos medios que se empleen acabar con el problema. Si no se abordan las bases que originan la violencia no se podrá evitar. Y sólo será cuestión de tiempo que esas acciones terroristas acaben por usar armas de destrucción masiva y entonces: “Que Dios nos coja a todos confesados…”

En realidad no se puede decir que sea una persona muy radical. No os engañe lo que he escrito hasta ahora. Soy un firme defensor de la democracia y no me parece seguro que personas de la calaña del “Señor” Ben Laden campen a sus anchas por el mundo. Lo único que pido es que si queremos defender la Democracia, los Derechos Humanos, la Paz y la Libertad no podemos violar esos conceptos. No podemos violar los Derechos Humanos para defenderlos. No podemos olvidarnos de nuestras leyes para defenderlas. No podemos dejar de ser demócratas para defender la Democracia. No podemos hacer la guerra para defender la Paz. ¿Es la guerra un mal necesario? Es posible que lo sea. Pero si hemos de ir a la guerra que sea porque hemos agotado todas las demás posibilidades. Creo que el diálogo es el primer paso para la solución de cualquier conflicto. Y en esta página espero que encontréis más elementos de diálogo que de imposición o dogma.

Soy licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de La Laguna en Tenerife, aunque yo sea de Las Palmas. Aunque este dato sólo tiene interés para aquellos que vivan en las islas Canarias. Así que no me vengan con lo del pleito insular porque paso de eso. Y soy ateo y escéptico porque no creo en la fe. No tengo fe en la gravedad, la siento cada vez que se va la luz en mi bloque porque vivo en un piso doce y tengo que subir las escaleras. No tengo fe en la electricidad, ya que escribo esto en la pantalla de un ordenador. Y tanto la gravedad como la electricidad no se ven, no se huelen ni saben a nada. Pero podemos sentirlas y podemos experimentar con ellas. Incluso podemos elaborar teorías para intentar comprenderlas. Teorías que pueden ser refutadas, cambiadas, modificadas, reelaboradas y despreciadas por la experiencia, pero nunca por un acto de fe. Como persona amante de la Ciencia me apasiona más el descubrimiento que la invención o la fantasía. Aunque no sé como cuadra eso con una persona fan de la Guerra de las Galaxias, amante de Tolkien y su Señor de los Anillos, y en menor medida, con ansias de escribir novelas de Fantasía y Ciencia Ficción. Quizás porque nunca he pretendido mezclar el mundo que soy capaz de recrear en mi mente con el mundo que nos rodea. Y creo que resultará decir obvio que Mike Oldfield es mi músico preferido.

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