Comenzando otra vez: la política de Chile de cara al nuevo milenio

La trilogía Aylwin-Frei-Lagos pasará a la historia por muchas cosas de las que debemos sentirnos orgullosos. También hay otras de las que nos sentimos ya avergonzados. Pero no nos sentimos parte de la discusión auto-flagelante y auto-complaciente, así como los 16 años de los tres primeros presidentes de la Concertación no representan a nuestra generación.

Los de más edad entre nosotros apenas se alcanzaron a inscribir antes del plebiscito de 1988. La gran mayoría vio, e incluso celebró, el triunfo del No desde la galería. Compartimos la alegría, el entusiasmo y las lágrimas de la épica jornada, pero no fuimos actores de la misma. Los que más, lograron sumar sus votos a la aplastante mayoría que rechazó a Pinochet. Pero la transición a la democracia nos vio en la banca, no por falta de ganas, sino por la poca edad.

Durante el gobierno de Aylwin comenzamos a participar activamente en política a nivel colegial y universitario. En 1993 dimos nuestro voto a Frei (no todos) y en 1998 celebramos la detención londinense de Pinochet. En 1999 creímos en el mensaje Chile será diferente y nos volcamos de lleno en la campaña presidencial de Lagos. El 11 de marzo del 2000 acompañamos al primer presidente socialista desde Allende a La Moneda y ahí nos sentimos parte de una historia, testigos presenciales de un proceso que llegaba a su fin. Pero a diferencia de muchos, nunca hemos entendido a este gobierno como una ceremonia del adiós. Para nosotros el partido recién está comenzando.

Siguiendo la analogía futbolística, mientras muchos se preparan para irse a los camarines, nosotros recién estamos terminando de ponernos el equipo para salir a jugar. Somos estudiantes de colegio, universitarios y de posgrado, jóvenes profesionales y líderes que recién entramos al campo de juego. Nos sentimos herederos de los gobiernos de la Concertación, pero no sus vástagos ni esclavos. Algunos tenemos militancia política partidista, pero todos compartimos una visión progresista, izquierdista y moderna. Creemos en un Chile más justo, solidario y libre. Pero no queremos intentar volver a un mítico país pre 1973.

Entendemos que el éxito de Chile en la última década ha estado profundamente ligado a la Concertación, y estamos convencidos de que la Concertación tiene un papel que jugar en el futuro del país, como punto focal de la opción progresista, libertaria, de justicia y solidaridad. Por eso queremos un cuatro de ases y por eso Partisano piensa en el 2005. La carrera no la empezamos nosotros. Pero sin nuestra participación, este partido no lo van a poder ganar los viejos estandartes de 1988.

En una época en la que parece estar prohibido pensar la posibilidad del cambio social, sometido a la razón crítica en un letargo aparentemente indefinido y, digámoslo, cómodo para no pocos intelectuales y dirigentes políticos de izquierda (o “progresistas”), fundar una revista con las características de Foro Virtual puede ser interpretada como una reacción nostálgica. Y en cierto modo eso es, puesto que se propone quizás no tanto rescatar el ejercicio de la crítica política y social como abogar por una crítica que, hasta ahora, al estar sometida a un ambiente de conformismo propio de un Chile insoportablemente soberbio, sólo ha podido ser virtual.

Muchas de las personas que esgrimen la pluma y acarician el papel en tanto recurso político en las páginas de Foro Virtual, son ilustres desconocidos, jóvenes profesionales o simples ciudadanos de izquierda y progresistas, cuya característica es hacer explícito un malestar extremadamente complejo, diverso y difuso ante lo real en Chile o, parafraseando a Moulián, frente a “lo actual”. Es a ese ejercicio al que se abre Foro Virtual, no a partir de un tono quejumbroso y, por lo mismo, aburrido e intranscendente, sino más bien en virtud de una visión de las cosas que pretende construir rumbos históricos, coordinar prácticas políticas, articular identidades colectivas y configurar horizontes de futuro.

Nada garantiza el éxito en tal tarea, excepto un conjunto de voluntades plurales que se reúnen a partir de verdaderos malestares colectivos en torno a la posibilidad de reaccionar ante lo injusto, lo intolerable y lo insoportable. Porque nadie de quienes escriben en Foro Virtual desearía ser objeto de la terrible acusación de Sartre, quien responsabiliza a Flaubert y Goncourt de la represión que siguió a la Comuna de París, por no haber escrito ni una sola línea para impedirla.